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jueves, 25 de diciembre de 2008

Juego de azules

El mar se agitaba con bravura por el viento. El barco, de buena y recia construcción, aguantaba el embate de las olas contra el casco, balanceándose, hundiéndose y asomándose, prosiguiendo su travesía a través del vasto espejo del cielo. Y todo era un juego de azules, un azul que observaba desde el fondo del agua, un azul tormentoso surcado por eléctricos haces blancos en el cielo y un azul metálico que descendía y remontaba las olas cansinamente. Unos ojos azules que contemplaban el devenir de los hechos con impotencia y daban órdenes a sus hombres mientras veía como el mar revuelto subía e invadía la cubierta y los ojos de buey lloraban espuma. El mar estaba revuelto, la vida y la muerte eran azules. Todo era un juego de azules. Y los azules jugaron.