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jueves, 16 de octubre de 2008

Dios también viste de Prada

Juan Manuel de Prada es un escritor y articulista español (bueno, si a esto que hace se le puede llamar periodismo) que se dedica a exponer los puntos de vista de hace dos mil años (bueno, yo creo que los romanos eran bastante más liberales y que aceptaban con más facilidad las evidencias). Hoy por hoy, cada semana, este simpático personaje nos deleita con una retrógrada visión determinada.

La de esta semana fue: Incrédulos.

Si os tomáis la molestia de leer ese texto, conteniendo la risa y lo que sea necesario, os saltarán varias dudas. Bueno, en realidad no. Creo que con una educación científica básica (secundaria obligatoria nos llega) nos permite reírnos de una opinión como ésta que se intenta hacer pasar por científica sin tener que dudar nada. Y es triste, porque la base de la ciencia es la duda. Esa duda que permite que la medicina haya avanzado lo suficiente como para que se le administre incluso a personas como don Juan Manuel.


" Vivimos una época extraña. El hombre de nuestro tiempo lee, por ejemplo, el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces y sonríe con suficiencia; pero a continuación coge sus ahorrillos y los pone en manos de un agente de bolsa que le ha prometido devolvérselos en unos pocos meses convertidos en una suma fastuosa. Para refutar el milagro del Evangelio, el hombre de nuestro tiempo argumentará empleando las leyes de la ciencia empírica; para aceptar que sus ahorrillos le depararán una fortuna, recurrirá a abstrusas leyes bursátiles de dudoso cumplimiento. Lo cual nos confirma que los incrédulos suelen ser, precisamente, las personas que más denodadamente creen en aquellas cosas que el sentido común juzga increíbles."

Usando el mismo razonamiento, el de ridiculizar a la gente que cree en la lógica de las matemáticas y de la experimentación; el científico podría, ridiculizando al creyente, decirle que cuando esté terriblemente enfermo, se cobije bajo sus tristes mantas, entre espasmos de dolor y el hedor del pus y la podredumbre, que rece a sus queridísimos santos que ya verá como lo salvan.


"El mismo incrédulo que se carcajea de los enfermos que se confían a la intercesión de un santo está convencido de que vivirá más de cien años, gracias a no sé qué avances de la ingeniería genética que hasta la fecha sólo se han verificado en el ámbito especulativo."

Hoy por hoy, dada la media de vida de cualquiera de los países desarrollados, nadie espera vivir cien años. Hoy por hoy, confíamos en la posibilidad de vivir cien años. Y si confíamos en esta mera posibilidad es porque con ayuda de la medicina, que se ha desarrollado en base al desarrollo científico, y con ayuda de mejoras en la calidad de vida (higiene, dieta, cuidado de los animales, etc.) hace posible, al menos, confiar en esa posibilidad. Una confianza que Dios, con toda su omnipotencia, nunca hizo posible. Por último, recalcar que, la supervivencia a una enfermedad mediada por la actuación de dioses y santos, sí se restringe totalmente al ámbito especulativo.


"El mismo incrédulo que se burla de la existencia de un cielo donde los justos se están quietecitos, contemplando el rostro de Dios, cree a pies juntillas en la existencia de espectros viajeros que acuden a la llamada de un espiritista."

Por favor, D. Juan Manuel, ¿de dónde coño sacas a esa gente que cree en espiritistas? Entre científicos no, o, al menos, lo dudo mucho. Me cuesta imaginar a Stephen Hawking pagándose una sesión de espiritismo, sinceramente.


"Pero, por mucho acopio de información que uno recopilara, nunca podría explicarse por qué el hombre de las cavernas se puso un día a pintar; tampoco podría, por cierto, entender por qué, al salir de las cavernas, se puso de rodillas y empezó a adorar a Dios."
1.- Cuando el hombre salió de las cavernas empezó a adorar a todo lo que se le ponía por delante: el dios fuego, el dios agua, el dios bosta de vaca, el dios árbol, el dios hierba, etc.
2.- ¿Te gustaría entender por qué? Porque el hombre no tenía respuestas y se acojonó. Simple y llanamente. El hombre no tenía una mami-ciencia que lo salvase del cáncer, el hombre no tenía un papi-arma que le ayudase a matar leones. El hombre vivía con los calzones permanente sucios. Eso pasaba.


"El escéptico lo resolvería diciendo que el hombre se puso de rodillas porque sentía miedo; y que, por tanto, Dios es fruto de su temerosa imaginación. Afirmación que es al menos discutible; en cambio, si se nos ocurriera definir la Ideología, el Progreso o el Libre Mercado como productos del miedo, incurriríamos en falta gravísima ante los incrédulos."

Él ya sabía lo que le iba a responder, ¿eh? Qué inteligente este Juan Manuel. Sencillamente, acabo de exponer porque el hombre tenía miedo al salir de las cavernas, pero no he visto ningún intento del hombre este por explicar qué miedo desembocó en Progreso, por ejemplo. Ideología me parece un término muy ambiguo y Libre Mercado me suena a ilusa utopía. Lo siento mucho.


Sinceramente, Juan Manuel, espero que nunca tengas que recurrir a la ciencia, y que Dios (tu Dios, ese que es uno y tres) te salve de todos los percances que la vida real (que no una ficticia donde los hijos nacen de vírgenes folladas por pollas etéreas de ángel) te plante en la cara. De hecho, sin ir más lejos, me gustaría ver qué le responde este hombre a su mujer (si es que la tiene) si ésta le comenta que está embaraza por intercesión divina. Y es que "a poco que uno rasca, descubre que la incredulidad del" fanático creyente "sólo atañe a determinados asuntos".

Atentamente, un hombre de ciencias.