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domingo, 12 de octubre de 2008

Clases de personas que odio, pt. 3

Hoy os voy a hablar de una mafia presente en todas las ciudades y rincones del primer mundo: los taxistas.

He de decir, en primer lugar, que conozco algún taxista honrado. Alguno. Una selecta minoría. No obstante, las últimas dos veces que me he visto obligado a coger uno de estos vehículos infernales, el taxista me llevó por un recorrido que no era, de lejos, ni el menos transitado ni el más corto. Es decir, dio un rodeo, con el ánimo obvio de cobrar una tarifa mayor. Esto tiene un nombre: hijo-de-putez.

Cabe destacar que la hijo-de-putez es típicamente española y que, incluso, sería posible que tuviese cierta predisposición genética (yo diría que TODO la tiene), pero todo tiene unos límites.

En primer lugar, como Transporte Público que son, creo que el gobierno debería meter mano para reducir un poco las tarifas de estos atracadores que, como arma, empuñan un volante y una palanca de cambios. En segundo lugar, creo que estas personas, dado que ofrecen un teórico servicio a los ciudadanos deberían ser, o intentarlo con todas sus fuerzas, honradas.

Hijo de puta hay mucho suelto, pero en un taxista se nota demasiado.

Cuidáos y, si lee esto algún taxista: sé honrado, joder.