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martes, 14 de octubre de 2008

Albos 6, pt. 1

El camino se extiende hacia el sureste, dejando árboles y montañas a sus espaldas. Albos camina al lado de Dreva y de Daga. Rin los ha enviado a parlamentar con el Pueblo Brillante, al que los romanos denomiaron, en tiempos, Homo lûminis, unas criaturas inteligentes de unos dos metros y recios como toros, con la piel blanca y brillante y un curioso sentido del honor y el deber.

El camino es tranquilo y sin sobresaltos, amenizado por la charla con Dreva, conversaciones en las que Daga se abstiene de añadir nada. Daga es una mujer callada, de rostro serio, firme, duro, delgado y violento. No es una mujer atractiva, a pesar de tener un bonito cuerpo, delgado, curvo y terso. Dreva, la joven del cabello negro y la piel bronceada, en cambio, es una mujer dicharachera y alegre con una sonrisa siempre presta.

Tras varias semanas de marcha, llegan al primer pueblo del Pueblo Brillante. Daga los mira con el ceño ligeramente fruncido.
- Parecen fuertes - musita - ¿cómo es que solo nos envían a nosotros tres?
- Porque tres personas no le pareceremos una fuente de peligro - sonríe Albos.
- ¿Y si acababan considerándonos peligrosos? - pregunta Daga sin renunciar a su reticencia.
- Entonces será mejor que estemos lejos. Muy lejos. Preferentemente muertos y cobijados en el panteón de nuestros respectivos dioses.
Daga no encuentra gracioso el comentario. Mira a Albos con seriedad y luego vuelve a dirigir su vista hacia el pueblo que se extiende ante ellos.
- Tranquila - dice Dreva con suavidad -, no desenfundes contra ellos y ellos no lo harán contra ti. Son un pueblo muy honorable.
- Muchos pueblos dicen que son honorables y...
- Estos lo son - corta Dreva -. No los amenaces, no desenfundes, no ofendas sus invitaciones e intenta parecer calmada.
- En el fondo - admite Albos en un tono más serio - este es un lugar bastante tranquilo y seguro. Que yo sepa, los Ho... el Pueblo Brillante nunca ha enviado asesinos a matar a vuestro legítimo gobernante, ¿no?