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domingo, 28 de septiembre de 2008

Mundoabsurdo, pt.3

Ya no diría que son los inicios de Mundoabsurdo exactamente. En este fragmento se llega a un texto que había escrito hace bastante tiempo: sobre viajes interdimensionales y seriedad en el trabajo. El nuevo texto tiene un par de cambios en la parte abarcada por su predecesor, aparte de una introducción (cuando creaba los flashes nunca indiqué cómo llegaban a la situación en la que estaban). En cualquier caso, espero que os guste, tanto el texto en sí, como las modificaciones que he considerado pertinentes.


Siguiendo la calle, Alberto y Ernest se encontraron con un edificio gris de arquitectura y diseño peculiar. Algo más de una docena de antenas asomaban de una cúpula acristalada y translúcida, recortadas contra el cielo. Alberto lo señaló y miró a Ernest.
- Sí, mi portento lógico-deductivo. Eso es la S.R.V.I.
- Perfecto. Entremos – Alberto sonrió, y fue su sonrisa más brillante en mucho tiempo. Ahí dentro todo cobraría sentido. Pensar eso le hacía sentirse más tranquilo y feliz, como un niño recién acunado por su madre.
Pasaron a través de un enorme portón doble con marcos de bronce, o de otro material cubierto por una buena capa de bronce. El interior resultaba enormemente extraño, o eso le parecía a Alberto: docenas de máquinas con marcadores de presión; cientos de tubos y cables que partían en todas direcciones y unos cuantos operarios toqueteando botones por allí y por allá. Ernest, disculpándose, se alejó un momento de Alberto y se dirigió a uno de los operarios. Alberto, aunque se esforzó por escuchar qué le decía, apenas fue capaz de entender nada.
- Por aquí – dijo Ernest a su regreso, echando a andar hacia uno de los pasillos que se veían desde la sala en la que se encontraban.
- ¿Adónde vamos exactamente?
- A la S.R.V.I., obviamente.
- ¿No era esto?
- ¿Crees que este enooorme edificio – comenzó Ernest recalcando las oes – es una «sala»?
- Creí que era una forma de hablar, sencillamente.
- ¿Y tú eres el Lógico?
Alberto enarcó las cejas y musitó:
- Déjalo…
Y siguieron caminando a través de pasillos y escaleras, y más pasillos y más escaleras, y más escaleras y más escaleras y, finalmente, más pasillos y más escaleras.
- Y… por aquí llegaste tú – sonrió Ernest con algarabía y orgullo al entrar en una sala tras unas gruesas puertas en las que, impreso en una placa, podía leerse: S.R.V.I.
- ¿Y cómo es que no aparecí aquí mismo? - dijo Alberto señalando las paredes que lo rodeaban – en la Sala de Recepción de Viajeros Interdimensionales.
Ernest lo miró con gesto sorprendido.
-Te hicimos atravesar universos de distancia y tuvimos un error de posición de solo 300 metros... tus quejas son puro vicio.
- No, no; a ver, me refiero a que parece lógico que aparezca en la Sala de Recepción de Viajeros Interdimensionales, ¿no? – se explicó Alberto casi a modo de disculpa.
- Bueno, vale, en realidad es que es un nombre antiguo, antes era así; pero los operarios se dedicaban a buscar bellas jovencitas y traerlas aquí: les hacían una fiesta, hacían un poco de violación de la realidad, y acababan... en fin, ya sabes, trabajando poco - dijo Ernest en tono confesional.
Alberto contempló a su interlocutor, valorando la veracidad de sus palabras. No parecía estar mintiendo.
- ¿Y los... jefes?
- ¡Ah! - Ernest pareció comprender el quid de la pregunta - Ya.
- ¿Ya, qué?
- Ellos cogían a dos o tres para ellos solos. ¿No preguntabas por eso?
- Pero... ¡alguien tiene que dirigir esto con cierta seriedad!
- Ah, sí, bueno, en realidad las cosas se autorregulan solas.
- ¿Y cómo se autorreguló esto si los encargados de tal cosas se vendían a la lujuria igual que los trabajadores a su cargo?
- Es fácil.
Alberto lo miró con curiosidad punzante. Ernest prosiguió, sabiéndose dueño de la curiosidad de su compañero.
- Ahora tienen una jefa.
- Pero entonces traerá hombres...
Ernest sonrió, sabiéndose poseedor de unas razones lógicas tan sólidas que, en tiempos, habrían sido utilizadas para alzar pirámides.
- No, amigo, no: los operarios siguen siendo hombres. Así que bajo la atenta mirada de la jefa, trabajan con seriedad y suelen enviar a la gente a los alrededores, salvo si son gente importante que necesita ser recibida con honores y demás. Pero sobra decir que tú no eres de esos.
- ¿Y si la gente que traéis se pierde?
- Siempre la acaba encontrando a alguien, estamos en una gran ciudad. Esas personas la preparan mínimamente, y luego le explican con tranquilidad, que han sido arrancadas de su feliz existencia previa y del calor de sus seres queridos para siempre, para ser traídos a un mundo que los mira como mascotas inocentes y sin amplitud de miras.
- Ahá - Alberto pareció reflexionar un instante sobre lo que acababa de escuchar, algo de ser arracando de su existencia - ¿Perdón?
- No tienes de qué disculparte. La decisión fue nuestra.
- ¿No voy a volver nunca a casa?
- Hombre, tenemos Salas de Recepción de Viajeros Interdimensionales, que no de Emisión de Viajeros Interdimensionales.
Alberto inspiró con fuerza intentando ser lógico, pero no le valía de nada, no aquí.
- ¿Y la gente que me quería?
- Ehm... pues, se preguntarán un tiempo por ti, te buscarán durante otro tiempo, y finalmente reharán sus vidas sin ti. Claro que... también podemos traerlas aquí, contigo.
La cara de Alberto brilló de alegría durante unos instantes.
- Sí, eso será perfecto. Vamos, traélos.
- Peeero - empezó Ernest - ellos también serán horriblemente arrancados de sus vidas, y cuando les expliquemos calmadamente que fue porque tú preferías alegrar ligeramente tu vida, en vez de dejarles a ellos sus felices vidas, quizá no se lo tomen bien.
- ¡Pero a mí no me preguntásteis!
- Bueno, vamos a ver, no podíamos hacerlo. No desde esta sala, que solo es de recepción. Además, no habrías sabido contestar.
- ¡Oh, Dios; oh, Dios!
- «Dioses», deberías decir «dioses».
- Me habéis despojado de mi existencia...
- Bueno, tampoco era una gran existencia.
Alberto miró a Ernest con un atisbo de furia.
- En términos prácticos, para volver a tu vida previa, deberías ser horriblemente arrancado de tu vida actual. ¿No es esto contribuir al horror de la manipulación planaria? – concluyó Ernest como restándole importancia al comentario anterior.