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viernes, 15 de agosto de 2008

Sobre los dioses...

- Todo es relativo.
- Los dioses son absolutos.
- No hay nada más relativo que los dioses.
- Entonces no hay nada más relativo que el absoluto.
- A ver, me refiero a que los dioses son un concepto absoluto que parte de un punto de vista relativo, el nuestro.
- No entiendo qué quieres decir.
- Quiero decir que los dioses no existirían si nosotros no les hubiésemos dado cuerpo.
- No, no, no - sonrió como quien sonríe ante el infantil atrevimiento propio de la ingenuidad de los niños -, nosotros no tendríamos cuerpo sin los dioses. De hecho, tampoco tendríamos alma.
- ¿Y los que creen en un solo dios?
- Bueno... puede entender que, desde una visión muy reduccionista, es lo mismo tener un único dios que hace todo que tener muchos, ¿no?
- No ves ningún error de planteamiento.
- ¿Qué quieres decir?
- Tú y yo somos dos, ¿verdad? Quiero decir, somos dos para nosotros mismos y para cualquiera que hable de nosotros.
- Sí, claro.
- Los dioses no. Para nosotros son muchos y...
- ¡Ah! Ya veo adónde quieres llegar, pero creo que queda perfectamente explico con el concepto "visión muy reduccionista".
- ¿No te das cuenta de que eso es una falacia protectora?
- No, eres tú quien no quiere comprender que pasa cuando se aplica el reduccionismo al politeísmo.
- ¿Y los que creen en el Equilibrio?
- Júpiter y Plutón, Marte y Minerva. En una palabra: visión reduccionista. Bueno... en dos palabras.
- Y los que creen en una fuerza interior.
- Llámala como quieras. Fuerza interior, dioses, cualquier-palabra-con-mayúscula-inicial. ¿Qué más da?
- No crees que tienes... una mira estrecha.
- No, creo que la tuya es poco ancha.
- Maldito seas tú y toda tu testarudez.
- Bendita sea.
Y, como dos niños, se rieron.