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domingo, 10 de agosto de 2008

Día del Nombre

Hoy por fin sería nombrado Adulto de la tribu y la emoción corría por sus venas como el fuego por un reguero de pólvora. Hoy iba a ser su gran día. Hoy, él, el primer nacido de su camada tendría que matar a su padre para demostrar su capacidad, tendría que escoger su nombre, buscar un nuevo hogar y una hembra con la que vivir. Todo hoy. Por suerte para él, su año de nacimiento había estado plagado de nacimientos, y ahora había muchas hembras que serían nombradas adultas y que, como él, tendrían que buscar un lugar en el que vivir.

Acuclillado, se agarró los brazos mientras pensaba en cómo iba a enfocar la lucha. Tendría una sola oportunidad: su padre había luchado durante años, él lucharía hoy por primera vez, y tenía que vencer. Visto con frialdad, lo más seguro es que los padres se dejasen matar a manos de sus hijos mayores, ya que era improbable que tantos jóvenes que nucna habían participado en combate venciesen a sus progenitores. La idea le llenaba de emoción... y de tristeza. Sería el mayor de su familia, sería el Portador del Nombre, sería el Citas, daba igual que fuese el nombre de toda la familia, hoy el nombre sería suyo antes que de los demás y le excitaba.

Cuando llegó el momento, el padre se acercó a él.
- ¿Cómo te vas a llamar, hijo?
- Si venzo, me haré llamar como tú.
- No puedes no vencer. El pueblo necesita sangre joven.
- Añoraré tu presencia.
- Hazlo rápido.
- Lo intentaré - su voz flaqueó un instante.