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domingo, 13 de julio de 2008

Terry Pratchett - La luz fantástica

La luz fantástica, segunda obra de la colección del Mundodisco continúa la línea iniciada por El color de la Magia, apostando más por la sucesión de gags que por la elaboración de una gran historia, mostrándonos un héroe bárbaro viejo sin dientes que vive un romance con la joven dama de turno, las “profecías de los trolls”…

El argumento se retoma desde el momento exacto en el que acaba la primera novela, con el “Mago” Rincewind cayendo por el borde y nos describe sus andanzas desde su extraña supervivencia a una caída “casi-ilimitada” potencialmente, hasta “salvar” el mundo de ser arrasado por una estrella que se aproxima peligrosamente hacia el Disco.

Aunque se mantiene en cierta medida el tono de “partida de D&D” con las referencias al estudio de la magia, aprendida a base de constancia y esfuerzo y olvidada en cuanto se lanza el hechizo; y el tratamiento que se le da a los héroes como entidades llenas de poder siempre dispuestas a echar una mano. No obstante, es menos llamativo que en la primera novela donde, directamente, los dioses jugaban una partida de rol de tablero y controlaban los acontecimientos de distintas personas de dicho mundo, con muchas trazas de ser una partida de dicho juego.

Acerca de la caracterización de los personajes, el mago Rincewind experimenta un cambio notable respecto al principio del primer libro como ya se insinuaba que sucedería a finales de aquel, a pesar de negarse a ayudar a Dosflores al final de El color de la Magia. En La luz fantástica se compromete, para ayudar a sus compañeros, llegando hasta el punto de pedir a los trolls que le ayuden a hacerlo, ya que estos parecían mostrar una cierta reticencia a atacar a Rincewind debido a una antigua profecía. Dosflores continúa en la línea del primer libro sin mostrar cambios hasta las últimas páginas del libro donde, cansado ya de viajes y aventuras, decide regresar a casa y “disfrutar del recuerdo”. Otros personajes de relevancia en el libro tienen una caracterización mucho menos importante: el bárbaro Cohen, un viejo desdentado que destroza todo lo que entabla combate con él, la joven Bethan que es poco más que el desencadenante de Cohen a lo largo del libro o la heroína mercenaria enviada a por Rincewind, a la que se no se le da el más mínimo valor durante el libro, apareciendo sólo cuando es contratada y en el momento en el que se abalanza sobre los compañeros del mago…


Así pues, esta segunda novela, tampoco arrasa con todo debido a su calidad y es, más bien, un broche a la historia que había comenzado en El color de la Magia.