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viernes, 11 de julio de 2008

Sombras

A veces solo tenemos sombras, difusas volutas de humo sobre un fondo movedizo y cambiante que no dicen nada, solo insinúan. Insinúan con la claridad de una vela en la gran sabana en plena noche vista desde la lejanía, un mísero punto de luz que apenas es capaz de alumbrarse a si mismo.

Y ese tejido de sombras puede atenazar con fuerza, con verdadera fuerza; como un golpe, como un empujón desmedido, desproporcionado, inesquivable, inconcebible. Esas sombras carece de sustancia, de realidad, pero no de fuerza, de efecto.

Son esas sombras las que, en secreto, en una sala perdida en algún punto entre los Urales y Bering conspiran contra el mundo, configurando los pequeños detalles que derivan una guerra de una discusión, una discusión de una frase perdida, una frase perdida de la nada.