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martes, 8 de julio de 2008

Madrid

Todo comenzó en un trenhotel Talgo de finales de los 80, juraría. El tren era la definición de incomodidad, un tren antiguo, ruidoso, lento, con un personal borde y hastiado; la clase de personas que deberían dedicarse a un oficio solitario como... no sé, ser ermitaño. Sí, eso se les daría bien. Llegué a Madrid, sin haber llegado a conciliar el sueño. Así es, en ningún momento. Cansado, agarrotado y con ganas de dejarme caer al suelo y dormir.

Nos dirigimos al hostal Los Amigos, que no fue un sitio demasiado horrible... ni demasiado digno, un punto intermedio... un, digamos purgatorio; dejamos nuestros bártulos y nos dirigimos felizmente a la Warner, el lugar idóneo para despertar un día en que no has dormido, es decir, para despertar de estar malamente despierto; para Despertar, con mayúscula, y sin referirme a experiencias religiosas, místicas o productos de una droga dura.

Allí pasamos la primera parte del día, sometidos a un calor exasperante (sobre todo yo), a los precios exagerados del interior del parque y demás. Vuelta al hostal. Pequeño descanso, mis dos primeras horas de sueño en unas 36-40 horas (¡qué bien me vinieron!). Salida a un Madrid nocturno, cena en el Museo del Jamón, café en el Starbucks, paseo por la Gran Vía y alrededores.

Un poco de ego nunca viene mal. Considero que salimos bien. ¿Algún problema? De hecho, hasta nuestros ojos decidieron aparecer del mismo color, qué monos ellos.


Cama.

Paseo por la zona de las tiendas, en una mañana con temperatura agradable. Un paseo por las calles de Madrid, por las maravillosas calles de Madrid: anchas, transitadas y, sobre todo, desde la perspectiva de un vigués, llanas; planas como Castilla, muy llanas, maravillosamente llanas. Comida en un buffet libre: SIGLAND (estuve empachado desde entonces hasta ayer por la tarde, más o menos, para que os hagáis una idea: sushi (el único que me gusta: aguacate, cangrejo, arroz y alga Nori), churrasco, cordero, pizza, etc. Una pausa en el hostal para facilitar mi desmedida digestión y el orgullo gay: una cantidad inconmensurable de gente arremolinada en la gran vía, desde donde nosotros lo presenciamos, viejas que gritaban que ojalá ardiesen en los fuegos del Infierno (toma, toma, toma), viejos que pedían que se reconociese la existencia de ancianos homosexuales (nunca he visto una publicación donde se negase su existencia, pero bueno, ahí estaba) y demás. 4 horas y pico, personalmente, opino que habría sido mucho más divertido durante mucho menos. Estar allí de pie, quieto, mientras pasaban las carrozas durante tanto tiempo resultó molesto y cansino, a pesar de que, realmente, fue más divertido de lo que esperaba, más por las chorradas de la gente que por el espectáculo en sí). Y, ¡ja!, negro-carterista, te pillé; espero que recuerdes mi cara, maldito. Y siento decirlo, no llevaba cartera encima, me ibas a robar papeles de descuento en varios locales.

15 platos, 4 personas. En SIGLAND

Esto... es... Alaskaa! [Parodia de 300, obviamente]

Cama.

Y el día siguiente lo pasamos por entero en el Retiro. Sí, como lo oís (¿oís? Esto es una página escrita, así pues: interpretadlo como un "leéis" que es mucho más realista), un día entero tirado en Madrid en el Retiro. Estaba cansado, pero, desde luego, me habría gustado aprovechar mi tiempo para visitar el Prado, el Tyssen o Fuencarral, pero el grupo no estaba por la labor, y bueno... por no escindir todavía más el grupo, nos quedamos.



Final del partido de Nadal en la estación esperando el tren de vuelta.

Victoria española.

Tren talgo de los años 80: derrota española... más bien gallega; joder, están mejor los cercanías de Madrid que el tren Galicia-Madrid y, personalmente, me toca los cojones y me parece injusto; así de claro: me toca los cojones, concretamente, y si le molesta a alguien que se joda, que también me jodo yo viendo los trenes de mierda que discurren por Galicia.


Efectivamente, mis queridos freaks, esa rosquilla que porta mi bella novia es La Rosquilla de Homer Simpson: rosca clásica, glaseado rosa y viruta multicolor. Esa es. Y era nuestra. ¡Ja! ¡Jódete, gordo amarillo de Springfield! ¡Qué rápido te dejamos atrás corriendo!

En algún momento actualizaré con una foto del grupo implicado en el viaje, creo que hay una en la que salimos todos los que fuimos a la Warner ("ya verás, ahora echa a correr con la cámara" [Danx]) y tal. Ahora mismo no tengo dichas fotografías, así que me resulta imposible (no soy dado a sacar fotos, qué le vamos a hacer... bueno, miento; no soy dado a llevar cámara, sacar fotos en sí no me disgusta).