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miércoles, 16 de julio de 2008

Los Páramos de la Pereza...

- Tenemos, diría, un... pequeño problema - dijo Ernest pronunciando de forma muy extraña el "pequeño".
- ¿A qué te refieres? - le preguntó Alberto.
- Hmm... a un problema de 3x3 metros con muchos brazos, muchas piernas, alas, un par de tentáculos y, seguramente, varias cabezas.
- Qué lovecraftiano - musitó Alberto.
- ¡Ja! No hablo en sentido figurado, mataríamos porque nuestro problema nos llevase a la locura. Nuestro problema nos quitará las tripas y las devorará mientras aún estemos con vida.
- No podemos vivir sin tripas...
- Este problema podría quitarte el corazón y devorarlo mientras...
- Si te quitan el corazón te mueres...
- Este problema es de los que succionan tu sangre como un mosquito infecto y maloliente, como un bulto purulento, como una noche de monzón en la jungla, como...
- Que sí, joder, que capto la metáfora.
- Pues eso.
- Ajá, ¿y cuál es el problema?
- Que estamos en un atasco.
Alberto miró a su compañero con manifiesta seriedad. Su rostro se fue calmando hasta que solo quedó una mezcla de odio y decepción.
- ¿Ese es el problema que nos devorará vivos? - preguntó con gran fastidio.
- ¡Joder! - se exasperó Ernest - estamos en los putos Páramos de la Pereza y hay un atasco. Podemos morir aquí, ¡en un atasco! ¿Te imaginas una muerte más atroz? ¡Cuasi-disecados en un coche en mitad de ninguna parte!