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sábado, 26 de julio de 2008

De mimados y bastardos...

- No imaginas la responsabilidad de saberlo.
- Lo supongo.
- No puedes suponerlo - gimoteó -, mi vida es el infierno. El puto infierno, ¿lo entiendes?
- Tranquilo... no sé, seguro que tiene sus cosas buenas.
- No las tiene - musitó abatido -, debería pero no. No vale para nada saberlo. Es inalterable. No sé la posibilidad, sé la certeza.
- ¡Pero has cambiado cosas!
- Se reestablece tan pronto como es posible. Hay operarios altamente cualificados asegurándose de que los daños son de la menor magnitud posible. Y siempre están trabajando.
- Qué cabrones los dioses.
- ¿Los dioses? Esto no es cosa de los dioses. Aquí hay una criatura poderosa implicada.
- ¿Los dioses no son poderosos? - preguntó sorprendido.
- Los dioses son unos mandados, como tú y como yo, solo que tenemos jefes distintos.
- ¿Y quién manda sobre los dioses?
- Supongo que otros dioses.
- ¿No lo sabes?
- Veo cosas, no veo el mundo abierto de par en par para mí. Nuestras historias están escritas, y las de los dioses también.
- Las cosas no se escriben solas.
- Ya, tal vez los dioses puedan ir a hablar con el guionista y pedirle que cambie ciertas cosas.
- Cerdos capitalistas...
- Hay un mimado y un bastardo en toda familia que se precie.
- Y no somos el mimado.
- No, no somos el mimado... - confirmó.
- Putos mimados...
- Putos mimados... - corroboró.