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jueves, 10 de julio de 2008

Albos 5, pt.1

Desde Albos 4, pt.5 han pasado dos años, aproximadamente. En ese tiempo se ha levantado la torre de Eirenar, un edificio monumental de siete plantas (se ha tardado tan poco porque se ha utilizado magia para manipular los materiales). La situación ha sido de tensa calma entre Eirenar y Nova Roma, sin grandes altercados pero sin abandonar la incomodidad en las fronteras, una incomodidad acentuada ahora por la torre que, aún estando lejos, ha sido interpretada por los romanos como un lugar para las tropas de élite del ejército vecino.


Parte II.

Albos contempla la torre con satisfacción, la enorme construcción se abre camino hacia el cielo, sin que nada la detenga. Es el edificio más alto que ha visto hasta el momento. Rin se le acerca, Sael camina a su derecha y echa una mirada por los alrededores.

- Realmente impresionante - comenta -, y qué rápido la habéis construido.

- Teníamos muchos trabajadores a nuestra disposición - sonríe Rin.

- La torre de los doce - musita Albos.

- Nuestra torre - contribuye Rin. Hace una pausa, encara a los otros dos - he hecho llamar a los otros nueve.

- Por fin todos juntos - suspira Sael.

- ¿Nyrill ha dicho algo al respecto? - pregunta Rin.

- Sí. No se esperaba esto de mí. Y le entiendo - Sael baja la vista -. Llevo años siendo el más fiel de los guerreros del reino y ahora he decidido tomar parte en esta... escisión de poderes.

Rin asiente, como sopesando lo que le acaba de comunicar Sael. Desvía la vista un instante mientras se muerde el labio inferior. Finalmente, devuelve la mirada a sus acompañanets y sonríe:

- Fin de los problemas entonces. Vayamos entrando, les esperaremos en el gran salón.

- ¿Gran salón? - pregunta Albos.

- Hay un salón por piso - explica Rin.

- ¿Qué clase de torre es esta?

- Una que cuenta con Lanz, el mejor modificador del espacio del que disponíamos.

- No sabía que Lanz se dedicase a eso.

- Agua y eso - dice Rin mientras atraviesan el espacio que dejan los enormes portones abiertos.

El interior es fresco y tiene un brillo plateado. La decoración es sobria, pero claramente lujosa, útil. Nada parece sobrar o ser un mero adorno.

Sentados en los cómodos sillones del Gran Salón del segundo piso, esperan. Rin, con total humildad sirve unas copas de vino a Sael y a Albos. Luego, se sirve a si mismo y toma asiento. Parece enormemente tranquilo, casi ajeno al mundo real, vive su fantasía de poder que hoy, por primera vez, ha tomado verdadera forma.

- Los demás no tardarán - enuncia Rin con una sonrisa cruel.