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jueves, 17 de julio de 2008

Albos 5, pt. 3

Pasan los días en la torre. Los Doce de Eirenar visten ropas ajenas al viejo imperio, unas galas diseñadas especialmente para ellos que, como todo lo que puede verse en la torre, ha sido diseñado bajo petición expresa y control de Rin: son unas ropas calientes, que combinan el rojo, el blanco y el negro, y un escudo de la ciudad, en el que se puede distinguir la silueta de la torre, en lugar de la típica silueta del castillo que caracteriza al reino.

Rin camina por la tercera planta, con paso firme. Llega junto a una de las puertas de los dormitorios y llama. Pasado un rato, vuelve a llamar.
- ¿Sí? - pregunta una voz adormilada.
- Zésim, necesito hablar contigo.
- Oh, oh. Claro. Espere un momento...
Se escuchan ruidos de telas y lo que Rin interpreta como murmullos. Finalmente, la puerta se entreabre. Zésim, con el pelo revuelto se asoma ligeramente.
- Dime.
- Quiero que, cuanto antes, te dirijas al castillo. Necesito que hables con Goldar.
- Oh, oh. Claro. ¿Queréis que lo convenza de algo?
- Sí y no. No voy a explicitar que exista magia de por medio. Quiero que hables con él y le des razones, quiero que sea él quien quiera dar la orden.
- ¿Y de qué orden se trata?
- Quiero que se acaben las trifulcas en la frontera, que se envía una misiva pactando ese trato con Roma, aunque para ello sea necesario ceder unos centenares de metros de frontera.
Zésim mira extrañado al líder de la torre.
- Pero...
- Si tras el pacto, Roma se decide a faltarlo, tomaremos las medidas pertinentes. Por ahora, esto solo corre en perjuicio de los soldados eirenses, y no existe ningún tipo de avance - interrumpe Rin.
- Oh, oh. Claro. Así lo haré, Rin.
- Y quiero que se sepa que es gracias a nuestra mediación.
- Ningún problema - asiente Zésim con rapidez.
- Perfecto - Rin comienza a darse la vuelta.
- ¿Cuánta prisa corre? - pregunta Zésim con una ligera duda en la voz.
- No la suficiente como para que dejes por la mitad lo que estás haciendo - contesta Rin sin volverse -, pero que sea hoy. ¿Entendido?
- Claro, claro. Ningún problema.

Rin comienza a alejarse y reflexiona: "Llevan dos semanas en la torre y han comenzado las historias y los flirteos, qué vacío y débil es el corazón humano. Pueden someter el mundo, ponerlo a sus pies, y sin embargo son ellos los que sucumben. ¿De verdad aguantará esto, como yo creía, los embates de los años? Bueno, al menos Dreva, Sael y Albos parecen bastante metidos en su papel. ¿Durante cuánto tiempo? Bueno, quizá dado el peor de los casos, una pequeña distracción no signifique la perdición de la torre", unos segundos después, como negando esta última idea, piensa: "pero quizá sí". Niega con la cabeza y abre la puerta de sus aposentos. "Al menos, hoy, con un poco de suerte, dejarán de morir inútilmente los soldados en la frontera".