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viernes, 27 de junio de 2008

Sobre viajes interdimensionales y seriedad en el trabajo

- Por aquí llegaste tú.
- ¿Y cómo es que no aparecí aquí mismo? - dijo Alberto señalando las paredes que lo rodeaban: la Sala de Recepción de Viajeros Interdimensionales.
Ernest lo miró con gesto sorprendido.
-Te hicimos atravesar universos de distancia y tuvimos un error de posición de solo 300 metros... tus quejas son puro vicio.
- No, no; a ver, me refiero a que parece lógico que aparezca en la Sala de Recepción de Viajeros Interdimensionales, ¿no?
- Bueno, vale, en realidad es que es un nombre antiguo, antes era así; pero los operarios se dedicaban a buscar bellas jovencitas y traerlas aquí: les hacían una fiesta, hacían un poco de violación de la realidad, y acababan... en fin, ya sabes, trabajando poco - dijo Ernest en tono confesional.
Alberto contempló a su interlocutor, valorando la veracidad de sus palabras. No parecía estar mintiendo.
- ¿Y los... jefes?
- ¡Ah! - Ernest pareció comprender el quid de la pregunta - Ya.
- ¿Ya, qué?
- Ellos cogían a dos o tres para ellos solos. ¿No preguntabas por eso?
- Pero... ¡alguien tiene que dirigir esto con cierta seriedad!
- Ah, sí, bueno, en realidad las cosas se autorregulan solas.
- ¿Y cómo se autorreguló esto si los encargados de tal cosas se vendían a la lujuria igual que los trabajadores a su cargo?
- Es fácil.
Alberto lo miró con curiosidad punzante. Ernest prosiguió, sabiéndose dueño de la curiosidad de su compañero.
- Ahora tienen una jefa.
- Pero entonces traerá hombres...
Ernest sonrió, sabiéndose poseedor de unas razones lógicas tan sólidas que, en tiempos, habrían sido utilizadas para alzar pirámides.
- No, amigo, no: los operarios siguen siendo hombres. Así que bajo la atenta mirada de la jefa, trabajan con seriedad y suelen enviar a la gente a los alrededores, salvo si son gente importante que necesita ser recibida con honores y demás. Pero sobra decir que tú no eres de esos.
- ¿Y si la gente que traéis se pierde?
- Siempre la acaba encontrando a alguien, estamos en una gran ciudad. Esas personas la preparan mínimamente, y luego le explican con tranquilidad, que han sido arrancadas de su feliz existencia previa y del calor de sus seres queridos para siempre, para ser traidos a un mundo que los mira como mascotas inocentes y sin amplitud de miras.
- Ahá - Alberto pareció reflexionar un instante sobre lo que acababa de escuchar, algo de ser arracando de su existencia - ¿Perdón?
- No tienes de qué disculparte. La decisión fue nuestra.
- ¿No voy a volver nunca a casa?
- Hombre, tenemos Salas de Recepción de Viajeros Interdimensionales, pero no de Emisión de Viajeros Interdimensionales.
Alberto inspiró con fuerza intentando ser lógico, pero no le valía de nada, no aquí.
- ¿Y la gente que me quería?
- Ehm... pues, se preguntarán un tiempo por ti, te buscarán durante otro tiempo, y finalmente reharán sus vidas sin ti. Claro que... también podemos traerlas aquí, contigo.
La cara de Alberto brilló de alegría durante unos instantes.
- Sí, eso será perfecto. Vamos, traélos.
- Peeero - empezó Ernest - ellos también serán horriblemente arrancados de sus vidas, y cuando les expliquemos calmadamente que fue porque tú preferías alegrar ligeramente tu vida, en vez de dejarles a ellos sus felices vidas, quizá no se lo tomen bien.
- ¡Pero a mí no me preguntásteis!
- Bueno, vamos a ver, no podíamos hacerlo. No desde esta sala, que solo es de recepción. Además, no habrías sabido contestar.
- ¡Oh, Dios; oh, Dios!
- "Dioses", deberías decir "dioses".
- Me habéis despojado de mi existencia...
- Bueno, tampoco era una gran existencia.
Alberto miró a Ernest con un atisbo de furia.
- En términos prácticos, para volver a tu vida previa, deberías ser horriblemente arrancado de tu vida actual. ¿No es esto contribuir al horror de la manipulación planaria?