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viernes, 13 de junio de 2008

Sin titulo 4 [Infierno]

Y los días siguientes se suceden en calma, en completa calma, con normalidad, como si nunca una autodenominada diosa se hubiese presenciado intramuros atravesando todas las barreras y hubiese llevado a cabo una arriesgada petición. Si la situación se hubiese mantenido así más tiempo, tal vez habríamos acabado pensando que, realmente, tal cosa nunca habría sucedido.

Durante este tiempo, la reina de Malmo envía emisarios constantes a los territorios circundantes; a los señores feudales de lo que un día fue el Imperio Durku, repartiéndose las tierras que, en tiempos, habían sido dominadas por la misma mano.

Malmo encabezó la guerra contra Durku, con el apoyo de diversas poblaciones aliadas, como la ciudad de Nori Demian, que envió a sus ingentes huestes humanas a la lucha contra los demonios del Imperio.

Finalmente, tras muchas negociaciones, concesiones, dudas y aclaraciones por carta, varios de los señores del infierno, o sus representantes, como en el caso de los Príncipes Comerciantes de Hammaren, deciden encontrarse en la ciudad de Aerni, una ciudad de la costa oeste de Durku, amurallada, por sus continuos problemas con el vecino reino de Tormekia. Al parecer, según nos explica Lisseth, gran parte del retraso de la reunión consistió en decidir la ciudad en la que debería llevarse a cabo. ¿Una ciudad más defendida pero con mayor posibilidad de ser atacada? ¿Una más apartada de la frontera, menos asediada, pero menos defendida, contando la posibilidad de magias de teleportación? ¿La ciudad que ha causado la división del imperio?

Al menos, parece, las dudas han concluido: la decisión ha sido tomada.

Desplegamos una de nuestras naves, unos armatostes mecánicos que encontramos, por casualidad, en nuestra odisea contra el Leviathan. Realmente, encontramos una en su interior, el resto de las naves, una flota de cuarenta componentes, no son más que réplicas exactas de la primera, aprovechando todos los materiales que había disponibles en el reino. Dada la escasa tendencia del infierno a aprovecharse de la tecnología, suponen una gran ventaja estratégica a tener en cuenta y, en consecuencia, actualmente, nuestras operaciones militares se basan en sacarles el máximo provecho.

Desde el aire, Aerni parece una ciudad sobria, cuadrada; la típica estructura de una ciudad en guerra. Grandes murallas externas y calles exageradamente anchas. Los guardias pasean por la ciudad sin alterar la normalidad de los acontecimientos. El palacio principal es un enorme armatoste cuadrado, a cuyos lados se extienden dos rectángulos enormes.

Solo cinco miembros de la guardia personal de la Reina, dos oteadores y yo salimos de la nave. Unos guardias nos esperan.
- ¿Reina de Malmo, Lisseth Karayazi, por favor? - pregunta uno de ellos en un tono ensayadamente cortés.
- Yo soy - responde Lisseth - y estos hombres vienen conmigo.
El guardia asiente.
- Sígannos pues.


Dentro del castillo, comitivas de distintas regiones del infierno dialogan tranquilamente entre ellas: los representantes de Nori Demian, los de Höör - con quienes, por razones obvias, mantenemos un trato tenso -, los de Sisian - actualmente nuestro territorio -, los distintos representantes de la región del Éxior - un triunvirato formado por los reinos-ciudad de Aerni, Oman y Nafni - y una partida de los Príncipes Comerciantes de Hammaren.