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jueves, 19 de junio de 2008

El tigre, para los de magisterio

El tigre, Panthera tigris, pertenece al Regnum Animalia, Phylum Chordata, classis Mammalia, Ordo Carnivora, Genus Panthera, es un animal que se caracteriza por su larga relación con la sexualidad china, lo que ha desembocado en su actual peligro de extinción, debido a la dificultad del tigre a vivir sin sus huesos, ni sus huevos. Y recordamos a profanos en la materia que el tigre no es un animal ovíparo (no vaya a ser); sí, nos referimos a las gónadas.

Contra lo que puede parecer, se trata de un tigre al acecho, los médicos suelen ser bípedos.

Es el más grande de los felinos: una masa de casi 300 kilogramos que desean matarte, a ti, a tus hijos y a los hijos de tus hijos, y no dudarán en alcanzar más de 70 kilómetros por hora para hacerlo. No corras, no merece la pena. Como consejo adicional, cuando tu mujer se ponga de parto, intenta que sea un médico chino – deprededadores naturales del tigre – quien la asiste (una bata de laboratorio no es prueba suficiente, recordemos el trágico suceso del falso médico-tigre, aunque la situación más común, es la de un tigre acechante entre la inmensa vegetación del paritorio – imagen 1) aunque House también nos vale ya que, por razones evidentes, es el único que va a correr más lento que la embarazada.

Los restos más antiguos datan de unos 2 millones de años, aunque la expansión por el territorio se produjo hace solo diez mil años, durante la época en la que el agua cogió gusto a su forma sólida. Como curiosidad, también se han encontrado restos de tigre en Japón, ejemplares que, seguramente, huyeron para proteger huesos y huevos de chinos avariciosos. Estos restos se encontraron junto a balsas primitivas, lo que parece indicar que China atravesará una etapa de reducción de natalidad, ante la carencia de material afrodisíaco.

A diferencia de otros felinos, el tigre se aprovecha de su profundo estudio de la física para abatir a su presa, basándose en el sencillo principio de que Ec= mv2. Tras tumbar a la presa, seguramente del asombro que le produce tal manifestación de conocimiento científico, el tigre la tranquiliza con el firme contacto de sus dientes que le rompen la médula espinal. La tranquiliza para siempre, obviamente. Porque las cosas se hacen o no se hacen. Los tigres no se andan con medias tintas.

- Y sin embargo se mueve - responde el tigre que está tirado en el suelo.

- Que te doy, ¿eh? - amenaza el inquisidor-tigre.