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jueves, 8 de mayo de 2008

El líder [Eirenar, parte 2]

Echaron a andar en cuanto todos estuvieron de pie. Las pocas mujeres que quedaban por levantarse iban a hombros de los guerreros, encabezados por Bohr. Se escuchaba el tenue gimoteo de las mujeres, sus comentarios por lo bajo. Los hombres caminaban en silencio, siguiendo a Bohr con impertérrita decisión.

El camino se extendió durante horas bajo la espesa arboleda de extrañas coníferas que se extendía más allá de donde alcanzaba la vista.

- ¿Dónde estamos? - preguntó uno de los hombres.

- Sabes tanto como yo - contestó Bohr con sequedad -, todos sabéis qué ha pasado, ¿verdad?

Se formó un silencio incómodo.

- ¿Y qué ha pasado? - preguntó otro.

Bohr se detuvo y miró a sus hombres, deteniendo la mirada en el que había hecho la pregunta.

- Unos hombres grises nos cogieron, nos dijeron qué había pasado y ahora estamos aquí.

- Sí, eso lo sé; me refiero a... qué pasó.

- Eso pasó - contestó Bohr.

- ¿Quiénes eran..., por qué lo hicieron?

- ¡Joder! No lo sé, no lo tenían escrito en la cara y no nos lo dijeron. ¿Cómo quieres que lo sepa? La cuestión es que estamos aquí y esto no es nuestro hogar, estos no son nuestros bosques; pero encontraremos un río, descenderemos hasta un buen lugar para establecernos y nos situaremos en el margen del mismo o en la costa, dependiendo de qué encontremos primero.

- ¿Seguiremos como si no pasase nada?

- Ahí tienes tu espada, Droak, sabes perfectamente qué hacer para no continuar como si no pasase nada.

El silencio se vuelve profundamente incómodo. Bohr sigue caminando. Salvo Droak, todos caminan tras él. Ni una mirada se vuelve. Bohr es el líder, la pregunta queda relegada a un segundo plano; los éxitos en batalla con Bohr se cuentan por docenas; si propone seguir caminando, se sigue caminando. Las dudas son el primer enemigo de un ejército preparado.