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lunes, 12 de mayo de 2008

Neal Thompson

Mírame, y hazlo bien, porque soy lo último que verás. Soy la oscuridad personificada, soy las nieves perpetuas, tu último respiro; la sensación al despertarte, como siendo arrancando de la realidad, soy la angustia que te dobla el pecho y te impide respirar, las peludas patas de arañas que se deslizan por tu espalda, como un líquido viscoso, negruzco, tóxico; soy la luz que ciega al que es capaz de ver, soy el dolor del descubrimiento, soy el premio por la bomba H, soy el caos, la destrucción y la muerte. Tú eres mi presa, y hoy quiero divertirme. Lo siento, señorita.

No existe la clemencia ni el perdón, patrañas de los que temen un día encontrarse bajo el filo que hoy empuñan con gracia. No existe el miedo a fracasar, y mi fracaso, ten por seguro, sería mucho peor para el mundo que mi victoria. Tengo... muy mal perder.

Acércate, mansamente, y dame tu sangre: cálida, dulce, con el sabor del miedo aún hirviendo entre los matices a hierro. Así, ofrece tu cuello, cálido y terso, y tal vez no haya más muertos por hoy. Buena chica...