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martes, 13 de mayo de 2008

Duros inicios [Eirenar, parte 4]

Era un clima duro, frío y despiadado. La lluvia, helada, calaba los huesos. Las mujeres caían enfermas con frecuencia y las recuperaciones eran lentas, cobijadas bajo techo entre pieles de animales.

Y había que cuidarlas. Eran las únicas mujeres, y sin ellas moriría el poblado. Y los días transcurrían entre la niebla, el frío y el agua.

Se levantaron casas, se construyó un muelle, se hicieron drakkares y los hombres se lanzaron a la mar. Exploraron la costa cercana. Las mujeres trabajaban en el poblado y parían, año tras año, como animales. No fue una vida agradable, tratadas a medio camino entre las personas y los animales, como esclavas; nunca fueron más.

Iban naciendo pequeños y pequeñas y fueron tratados como correspondía, tal vez algo mejor de lo esperado. Había que volver a empezar y Bohr adoptó un trato más relajado con sus hombres y sus mujeres. Fue en el año 13 del Nuevo Inicio cuando murió la última de las mujeres romanas. Los cadáveres se llevaron a las profundidades del bosque y se abandonaron. Las primeras niñas empezaban a convertirse en mujeres, el resultado fue obvio. Ese fue el punto más peliagudo para los vikingos en los primeros años que pasaron en su renacer.

Las cosas se fueron asentando todavía más con los años, hasta que se convirtieron en un gran reino boyante y poderoso, amenazador. Los drakkares surcaban mares y ríos, las flechas volaban desde sus arcos, y la sangre marcaba sus pasos cuando se decidían a invadir una ciudad. Cambiaron las escaramuzas por conquistas, los saqueos por invasiones; cambiaron el oro por las tierras y se convirtieron en Reino, con mayúscula, que pretendía agarrar a quien se oponía a ellos con mano de hierro.

Y como centro neurálgico de esa red de conquistas, se erigió Eirenar. La ciudad inexpugnable, imbatible; la perla de los vikingos. Fue el estandarte del poder bélico durante años, hasta que una pequeña escisión interna concluyó con la formación de la hoy ciudad de Asgarôr, a manos del principal Consejero y Sanador de Eirenar, quien se llevó a gran parte de los héroes más destacados del Reino hacia su pequeña ciudad utópica.

Sobre Asgarôr existe una amplia lista de rumores difíciles de separar en certezas y leyndas, dicen, de hecho, que en aquella ciudad...