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miércoles, 28 de mayo de 2008

Como un océano de mierda...

- ¿Tú qué crees? - preguntó el inspector a su ayudante.

- No lo sé, señor. Yo diría que es como un gran océano de mierda, no hay dios que vea nada entre sus aguas.

- Si es un océano de mierda, no tendrá agua; así que será entre sus... heces, por ejemplo.

- Menos mal que siempre está aquí para iluminarme, señor.



El inspector y su ayudante contemplaron la escena. Caótica, extraña, absurda. Quizá las preocupaciones, las dudas, los miedos y las inseguridades se materializaban en el interior de los cuerpos. Quizá no había habido asesinato y tan solo se encontraban ante la expresión física de algún estado psicológico, ¿cómo se solía llamar a esas cosas? ¿Psicosomatosis? ¿Psicosomías? Quizá eran esas extrañas inseguridades femeninas las que dan forma a los pechos. Se podría deducir entonces que había inseguridades más grandes y más pequeñas, más duras y más blandas, más redondas y más ovaladas, y lo que era peor, había inseguridades con más de un nucleo central en torno al que girar.

- ¿En qué piensa? - preguntó el inspector.

- Pensaba en sus pechos - dijo señalando el cadáver.

- A veces es mejor no saber qué sucedió, lo sé. Pero es nuestro trabajo. Ayúdeme con esto y esté a lo que tiene que estar.

- Sí, señor.