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domingo, 11 de mayo de 2008

Albos 4, pt.1

Albos contempla el regreso de Rin: camina tranquilamente bajo los rayos oblicuos del Sol, ondeando su largo cabello a la espalda. Camina con elegancia impropia, sus movimientos poseen una gracilidad imposible, una gracia que desafía a la lógica. Hay quien dice que los héroes reflejan un concepto, que si un héroe nace imbuido por el bien, transmitirá ese bien a todo el que lo vea; igual con el mal, con la crueldad... con la belleza. Rin es esta última, la más pura armonía, y tras ella, ocultas, intenciones esquivas, mentiras, y una sonrisa fría de medio lado. La belleza como una máscara con la que tapar una personalidad caótica e imprevisible, de puñalada por la espalda y caricia de despedida. Albos lo sabe. Le gusta. Ya ha decidido seguirlo. Esto disipa cualquier duda.

- ¿Y bien? - pregunta Albos.

- Han abandonado la ciudad tranquilamente y sin montar escándalos, tal como querías - contesta Rin.

Albos asiente y reprime una sonrisa ligeramente melancólica.

- Vamos. Tenemos una gran lista de preparativos - sonríe Rin.


Y prosiguen el camino por la ciudad tras la breve interrupción. Rin se detiene en la plaza de los mercaderes y adquiere diversas sustancias, a cada cual más extraña. Albos lo mira dubitativo, sin preguntar nada. Sabe que él ha sido a menudo el blanco de esas extrañadas miradas y no le da mayor valor.

- Son para determinados conjuros. Ya sabes, a veces interesa el efecto dramático y el juego del desconocimiento. Crear una bestia de fuego de la nada es aterrador, que vaya tomando forma desde llamas dispuestas por toda la estancia es, sencillamente, delicioso.

- Claro - asiente Albos -. También es lento, poco práctico, caro...

- El daño directo no siempre es la mejor de las soluciones.

- Veo que no coincidimos.

- Puedes suponer entonces porque te quiero a mi lado, como un buen aliado. Es un punto de vista interesante y su ejecución es, sencillamente, irrebatiblemente rápida.

- Puedo suponer otras razones. Soy el mejor en lo que hago.

Rin se ríe, suave y jovialmente, y, con una sonrisa irónica, posa su vista en los ojos de Albos.

- El mejor del mundo conocido.

- Alguien con mis poderes tiene difícil llevarlo en la sombra - contesta Albos con una sonrisa asqueada.

- Supongo que sí - admite Rin -, pero siempre hay maneras. El disimulo es un arte.

- ¿La puñalada a traición?

- Es un recurso como cualquier otro.

- Ese discurso me suena - comenta Albos con un matiz de tristeza.

- Ordenaste cargar a un amasijo de llamas por un pasillo sobre decenas de personas que no tenían la menor idea de qué estaba sucediendo. No te muestres victimista. No va contigo.

Albos resopla.

- Jaque mate.

Rin sonríe alegremente.

- Vamos, hay que preparar el encuentro con Goldar. Puñalada por la espalda puede, pero no sin la declaración previa.