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sábado, 5 de abril de 2008

Sí, domine [Roma, parte 2]

Marcus y Celso pasaron casi una hora despertando al resto del grupo: eran veintidos, incluyéndolos a ellos: un centurión de alto rango, pilum posterior; once de sus legionarios asignados, y diez mujeres.

Al primero al que ayudaron a despertarse fue al centurión, Adriano. Se levantó preocupado y se llevó las manos a la cabeza. Apenas quedaba una sexta parte de sus hombres y no reconocía el lugar: era un bosque de hoja perenne, considerablemente denso, los árboles altos y delgados se elevaban hasta formar una capa que bloqueaba gran parte de la luz del Sol. Se puso en pie, bebió del odre que le ofreció Celso y se alejó unos metros para estudiar el terreno. A su vuelta, ayudó a los que seguían inconscientes.



El grupo estaba en pie, estaban nerviosos, asustados, indecisos. Los rumores sobre el tártaro se habían extendido como una plaga, el miedo se contagiaba, saltaba de uno a otro de forma veloz y voraz. Adriano se mostró más calmado, e intentó tranquilizar a los demás:

- Tranquilos, no estamos muertos - comenzó -, si esto fuese el Hades, habríamos atravesado la Estigia. Seguimos vivos.

- ¿Y qué ha sucedido? - preguntó una de las mujeres.

Adriano dudó, pero contestó con seguridad.

- Hubo una incursión de los bárbaros - señaló a las mujeres -, supongo que huisteis para no ser capturadas por ellos. Nosotros seguimos luchando y los obligamos a replegarse hacia los árboles. Allí, caímos en una emboscada. Se llevaron a la gran mayoría de mis hombres como sacrificio a sus dioses, y supongo que, también, a la gran mayoría de las mujeres. Eso es lo que ha pasado.

Los legionarios se miraron entre ellos unos instantes, no recordaban la historia que contaba su centurión.

- Puede que ahora tengáis problemas para recordar lo sucedido - aceptó el centurión - recibimos fuertes golpes en la cabeza. Dentro de unas horas, o de unos días, lo recordaréis todo con más claridad. Os juro que recuerdo la escena perfectamente. Estad tranquilos.

- Sí - dice Celso -, recuerdo el ataque de los bárbaros y cómo nos adentramos en el bosque. Creo que caí antes de darme cuenta de qué sucedía, pero todo encaja.

El grupo parecía más tranquilo tras una confirmación de las palabras de Adriano.

- ¿Y qué vamos a hacer? - preguntó Celso.

- Caminaremos hasta encontrar un punto conocido y volveremos a nuestras tierras.

El grupo parecía más calmado escuchando la voz tranquila y lógica de Adriano trazando sus planes a seguir. Era uno de esos momentos en los que preferían encomendarse a otra persona que cargase con las decisiones, alguien a quien echar la culpa si todo fallaba.

- ¿Alguien tiene alguna duda más? - preguntó el centurión; y, ante el silencio que prosiguió, dijo - caminemos pues; cuanto antes partamos, antes volveremos a casa. Legionarios, prestad atención, no quiero sorpresas. Armas en la mano y formación defensiva ante cualquier señal de peligro, ¿entendido?

- Sí, domine - contestaron los legionarios.

El grupo comenzó a adentrarse lentamente, sin separarse demasiado los unos de los otros, entre los árboles. El ambiente era tenso, la atmósfera agobiante.: cada ruido en el bosque se convertía en motivo de sospecho, cada sombra en peligro. Débiles, heridos, hambrientos, atravesaban la espesura buscando su hogar.