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miércoles, 2 de abril de 2008

El despertar [Roma, parte 1]

Estaba tirado en el suelo, dolorido y agarrotado. Tenía la boca reseca y notaba cierto olor a hierro; llevó una mano al occipital y notó el pelo sucio, mechones pegados por la sangre; "de ahí el olor", pensó. Giró la cabeza para ver qué había a su alrededor: vio más cuerpos desperdigados por el suelo, tal vez una veintena, vestidos como él, como legionarios romanos. Intentó incorporarse, pero el dolor se lo impidió.

- ¡Eh! ¿Alguien puede oírme? - gritó tan alto como pudo - ¡¡Eh!! ¿Nadie?

Rebuscó por sus ropas ansiosamente intentando encontrar un odre de agua; comprobó el cinturón, no había nada. "Mierda", pensó, "se habrá caido". Paseó la vista de nuevo, le dolía el cuello y notaba sensación de vacío al mover la cabeza. "Quizá sea la deshidratación, o la pérdida de sangre", pensó. Finalmente lo encontró, a unos dieciocho pies, y suspiró: ¿si apenas se podía mover, cómo se suponía que iba a alcanzar el odre? Decidió hacer tiempo hasta que el instinto de supervivencia tomase las riendas y se moviese a pesar de todas las señales de dolor que recibiese, "con un poco de suerte", pensó, "estaré mejor para entonces".

Dejó pasar el tiempo. Calculó que habían pasado unas cuatro horas en base a la luz que se filtraba desde el cielo cuando escuchó una voz. Se giró hacia ella y vio a uno de sus compañeros incorporándose.

- Marcus, marcus; por favor, ¡ayúdame! - pidió.

El apelado lo miró, dubitativo.

- ¿Dónde estamos? - preguntó.

- No... no lo sé, me... nos... hemos despertado aquí.

- Estábamos luchando..., ¿no?

- Sí, nos habían atacado los bárbaros y...

- ¿Y dónde están? - atajó.

- No lo sé, hemos aparecido aquí y...

- ¿Hemos muerto? ¿Es esto el tártaro? ¿Hemos ido a la morada de Plutón? - preguntó con un ligero temblor en la voz.

- El reino de Plutón también contiene los Campos Elíseos.

- En los Campos no necesitarías mi ayuda...

- No lo sé, no he estado antes - comentó un tanto molesto y en tono sarcástico.

- No provoques la ira de los dioses - dijo poniéndose en pie.

- Ayúdame a levantarme, alcánzame ese odre y no provocaré la ira de nadie, Marcus.

- ¿Crees que los demás están... bien?

- Ayúdame e iremos levantando a los que queden vivos - intentó tranquilizarlo.

Marcus asiente con gesto de duda.

- Claro, Celso - se inclinó y le tendió la mano - coge mi mano y agárrate del brazo.

- Gracias, Marcus.