Google+

martes, 8 de abril de 2008

Albos 3, pt.2

Por la mañana, a primera hora, tal como le habían dicho, le despiertan. Está cansado, pero contento con poder salir del castillo. Acompañado de Goldar y de Sael abandona el dormitorio y se dirigen al exterior, a los jardines. Albos contempla la vegetación, cuidada con esmero; el olor a hierba recién cortada impregna el aire. La luz del Sol y el viento en la cara se le antoja algo lejano y perdido, pese a llevar sólo unos días alejado de ellos. Respira profundamente y sonríe: se siente en paz.

- Me alegra verte sonreír - comenta Goldar.

- Hace unos días nadie lo habría dicho - responde Albos con seriedad.

- Tienes razón, pero todo cambia. ¿Cómo es ese dicho de vuestro imperio? ¿Omnia mutantir, nihil interit?

- mutantur - responde el mago.

- Sólo se necesitan situaciones adecuadas, y las situaciones cambian, como todo lo demás.

- Buen día, señor - dice una voz a la espalda de Albos, quien se gira a mirarlo: es un hombre alto, delgado, pálido y rubio, que le devuelve la mirada con sus ojos azules, tranquilos y pacíficos -. Tú debes de ser Albos. Un placer - dice haciendo una ligera reverencia -, he oido maravillas de tus capacidades.

- Los hechos siempre permanecen a nivel más bajo que la leyenda que generan.

- No me cabe duda - sonríe el rubio.

- ¿Qué deseabas, Loss? - pregunta Goldar.

- Todo listo, mi señor - responde Loss.

- ¿Ya? - Goldar entona la pregunta con incredulidad.

- Sí, señor Goldar.

- Oh, pues... bien, Loss, bien. Gracias por la prontitud.

- Si me disculpáis, señores; buen día.

- Buen día - responde Goldar, mientras Sael se inclina en una reverencia.

Albos hace un pequeño gesto con la cabeza.

- ¿Qué es lo que ha hecho tan rápido? - pregunta Albos con curiosidad, pasados unos instantes.

- Ha vuelto con un pequeño batallón desde las montañas - responde Goldar señalando hacia el Este -, se habían perdido en territorio de unas bestias temibles.

- ¿Y lo enviasteis sólo a él? - Albos enarca una ceja.

- Puede que tengas la fama, pero Loss es una de esas personas a las que no te quieres encontrar como enemigo en ninguna circunstancia.

- Todo puede arder bajo la llama adecuada.

Goldar se ríe ligeramente.

- Gracioso comentario, viniendo de un piromante, ¿no crees?