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jueves, 13 de marzo de 2008

Historia de fusiles pt.1

Las sienes palpitaban como a punto de reventar. Cerró los ojos y hundió la cara entre las manos. Se apartó el pelo y tragó saliva. En la oscuridad de sus ojos cerrados veía oportunidades perdidas, momentos fugaces, como las estrellas, y cómo se habían quedado atrás. Maldijo: las cosas siempre se ven más claras a través del filtro del tiempo. En el momento todo es una maraña confusa y putrefacta de dudas y miedo, que tiene vida propia y devora a las personas desde dentro, como un virus, como una entidad inamovible que se niega a abandonarlas hasta que sucumben, hasta que no encuentra más alimento, más células que infectar; y justo en ese momento, cuando sólo quedan tristes despojos, es cuando se vislumbra el pasado con claridad, con la fría claridad con la que sólo se ven las cosas una vez que se ha tocado fondo.

Las barcazas avanzaban, la costa y la muerte ya no estaban lejos. Acuclillados y hacinados, sudorosos y temblorosos. Vio en derredor, los soldados estaban asustados, alguno rezaba, alguno tenía la cabeza escondida entre las rodillas. Y era posible que alguno llorase sin lágrimas, en completo silencio. Todos sabían qué iba a pasar y, de todos modos, nadie podía echarse atrás ahora.