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lunes, 3 de marzo de 2008

Albos 2, pt.1

Nërud sobrevuela la región con su pequeña forma de ave dejando atrás Eirenar y a su compañero. "No podía hacer nada", se dice mientras las copas de los árboles se suceden rápida y difuminadamente bajo su vientre, "era mejor que se salvase uno a que nos matasen a ambos". Ha sobrevivido, pero la conciencia le quema por dentro.

Se posa en una rama gruesa del denso bosque que se extiende por debajo de él. Ha pasado algo más de una hora. Las alas le pesan, las mueve torpe y costosamente. Sus pulmones apenas controlan el flujo de aire continuo que pasa por ellos. Pronto tendrá que volver a su forma, extenuado, al borde del colapso. Sabiendo que le siguen, que no habrá piedad, que morirá si le encuentran. Tiene que llegar a la frontera, pero no puede más. Su energía mágica está mermada desde ayer, y su aguante físico está al límite. Necesita descansar. Se eleva, busca una casa desde las alturas. La localiza, es una casita modesta, de madera, perdida en mitad del bosque. Entra como pájaro por la ventana, dos hombres lo miran. Parecen cazadores. Uno de ellos sonríe.

- Mira que bonita pieza acaba de venir en nuestra busca - comenta con alegría mientras se empieza a aproximar a la mesa que hay en el centro de la sala, sobre la que se pueden apreciar cuchillos y otros útiles para la caza.

Nërud se destransforma. Las plumas se retraen penetrando en su cuerpo, una capa viscosa le recubre mientras la suave piel de mamífero y el vello se abren paso en sustitución de la densa capa de pluma y plumón. Su cabeza crece, al igual que su cuerpo, sus ojos cambian rápidamente y las pestañas asoman de los párpados, mientras las vibrisas son reabsorbidas de forma grotesca, mostrando abultadamente su recorrido por el interior del ojo.

Los cazadores apartan la vista asqueados. Instantes después Nërud se alza, completamente humano, desnudo. Los cazadores vuelven a mirarlo. Uno de ellos se lleva las manos a los ojos, con la cara tapada empieza a gritar y cae al suelo. El otro lo mira un momento, confuso y asustado. Nërud coge un cuchillo, salta sobre el que sigue en pie y le hunde el cuchillo en el cuello con fuerza y lo saca con un rápido movimiento rasgando la carne. La sangre salpica la sala, un grito incipiente muere mitigado por el movimiento y el cuerpo cae mientras se agita. Nërud se limpia un poco la sangre de la cara con una mano y remata al otro, que sigue gritando y se intenta apartar a ciegas.

Y allí mismo, contra la pared, Nërud, exhausto, se recuesta con el cuchillo en una mano y duerme.