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miércoles, 27 de febrero de 2008

Albos pt.IX

Albos agita a Nërud, quien entreabre los ojos con gesto cansado.

- ¿Ya es la hora? - pregunta.

Albos asiente.

- Despiértalo - dice Nërud mientras se levanta apuradamente y se empieza a vestir.

Albos lo agita. El hombre abre los ojos, soñoliento, tarda unos instantes en situarse y mira al hombre de cabello blanco, parece atemorizado.

- ¿Puedo irme ya?

- No - dice Nërud - antes tengo que cubrirme las espaldas.

El hombre lo mira sin comprender. Nërud le devuelve la mirada, sus manos comienzan a moverse rápidamente dibujando complicados diseños en el aire, sus labios murmuran algo por lo bajo.

- ¿Qué va a hacer? - el tono de hombre roza la histeria. Sus ojos están vidriosos.

Nërud se detiene de pronto. Su mirada es seria, cruel.

- Te he puesto un hechizo desencadenante, si desvelas algo sobre nosotros antes de que haya pasado una semana, tus órganos se irán pudriendo uno por uno a ritmo perceptible para ti. Serán las dos horas más agónicas que puedas imaginar.

- No diré nada - gimotea el hombre - por favor...

- Si no dices nada - interrumpe Nërud - no te sucederá nada. Deja de llorar, mantén la compostura, comportate y haz tu vida. No seré yo quien te la quite si cumples lo poco que te pido.

El hombre intenta serenarse y asiente en silencio. Albos lo mira con lástima.

- Vámonos.

Los magos se dirigen a la puerta de la estancia.

- Siento que te hayas visto involucrado en esto - dice Albos desde la puerta - era estrictamente necesario.

El hombre los contempla, todavía sentado en su cama, sin decir una palabra. La puerta se cierra.



Los magos abandonan la posada agitando las alas. Nërud vuela con soltura, sus alas extendidas aprovechando las corrientes de aire; Albos, más torpe, revolotea en círculos, mientras su continuo aleteo le va dejando exhausto a velocidad vertiginosa. El primero marca el camino a seguir, y el segundo intenta mantener ese rumbo con su vuelo maltrecho.

El castillo se recorta imponente y majestuoso, sólido y aparentemente inexpugnable, cuando dos aves entran tranquilamente por una ventana, tras haber merodeado por las distintas estancias. Están en una habitación sobria y elegante. Se destransforman y buscan ropa. Vestidos, abandonan la habitación y comienzan a recorrer los pasillos del castillo.

- Buenos días, señores - saluda una voz masculina a sus espaldas.

- Buenos días - responde automáticamente Nërud girándose. Luego, prosigue con tono servicial - es un placer verle, mi señor, no imagina cuánto urgía hablar con usted.

"Qué suerte" piensa Albos "esto nos ahorra mucho tiempo".

- ¿Tanta urgencia tiene el asunto? - pregunta.

Albos se muestra ligeramente sorprendido.

- Sí, mi señor - responde Nërud - ¿podríamos hablar en privado?

- ¿Hay alguna razón para que vuestra mente esté protegida dentro del castillo?

- Oh, disculpe - dice mostrando las palmas de sus manos - era como medida de protección durante el camino. Camino libre, mi señor.

- Perfecto... Dartz - Nyril comienza a caminar - síganme, por favor.