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martes, 5 de febrero de 2008

Albos pt.II

Es un camino lento, sin sobresaltos. La arboleda se sucede monótona y repetitiva salvo la sorpresa de algún animal desplazándose por las ramas o entre los troncos.

- ¿Se puede saber a dónde vamos? - pregunta Albos un tanto molesto - la ciudad no queda por aquí.

- El Emperador desea verle en terreno neutral.

- No existe terreno neutral dentro de su imperio... es todo suyo, ¿no? - sonrie Albos.

Seda se detiene y mira a Albos.

- El palacio de su señoría está enormemente protegido contra los de tu clase, señor Albos, y a muchos les hace sentir incómodos.

- Tal vez porque un caballero puede ir felizmente armado con su pedazo de metal, y un... uno "de mi clase" pierde toda capacidad de defenderse si quiere ver a su señoría - proclama Albos un tanto molesto.

- Las armas en palacio son más ornamentales o estamentales que ofensivas. Atacar intramuros es un suicidio. La magia lo cambia todo...

- Seda, si yo intentase conjurar ahora mi cabeza caería decapitada muy rápido. ¿Me equivoco? No es que la magia lo cambie todo, es sólo que teméis a lo desconocido. El más tonto de la aldea entiende los fundamentos que se ligan a vuestros raquíticos trozos de metal, hace falta algo más para entender las bases de mi fuerza. Hace falta algo que la mayoría no tienen.

Seda frunce ligeramente el ceño y mira a Albos con gesto incómodo.

- ¿Y bien? - pregunta Albos.

- Tu prepotencia resulta molesta.

- No - sonrié - que sepas que tengo razón te resulta molesto. Mi prepotencia sólo es carismática.

Seda niega ligeramente la cabeza mientras se encoge de hombros, restándole importancia al asunto.

- Andando. O la noche nos cogerá a mitad de camino.